Mis tres mosqueteras
La historia de mis tres mosqueteras. La historia que les voy a contar es una historia real de tres perritas que tuve, de las cuales aún vive una de ellas, ya muy viejecita, de 20 años. Nuestra relación con mi compañera de vida ha estado siempre acompañada de mascotas, hemos tenido todo tipo de animalitos de compañía y principalmente perros. La historia que les quiero compartir es la de mis tres perritas, que comienza con su madre, Pantra. Su nombre se le asignó a partir del personaje de los Thundercats que se llama Pantro, pero como resultó hembrita , se le puso Pantra. A Pantra la encontró Lily, en un anuncio de internet donde se ofrecía en adopción una perrita Cimarrón Uruguayo, tenía cerca de 3 meses y solo pedían a cambio una bolsa de concentrado. Nosotros hicimos la investigación en internet y efectivamente existía la raza, porque no la conociamos y lo ofrecido encajaba en lo que vimos por internet. El irla a traer fue toda una odisea, resultó que el lugar donde había que ir a recogerla era una zona roja. Desde el carro se veían las calles amenazantes, abandonadas y el olor a mariguana llegaba y se instalaba dentro. Cuando llegamos al punto, no había nadie, por seguridad le dije a Lily que yo me quedaba en el carro, con el motor encendido y colocado en posición de fuga, porque encima era una calle sin salida, que ella llegara y tratara de no entrar sino completar el intercambio en la puerta de la casa. Desde donde estaba pude ver, que entro, algo que le habia advertido, luego de cierto tiempo, por fin salio, con la perrita en brazos, una cachorrita de menos de 3 meses. Finalmente todo salió bien, tuvimos a Pantra pequeñita en la casa, una perrita negro atigrada, como una pantera negra manchada, de carácter muy temeroso, nerviosa en extremo y desconfiada. En las imágenes del internet veíamos que a los Cimarrones Uruguayos les cortaban las orejas, de una manera muy peculiar, casi como redondeadas. El veterinario que le practico la cirujía nos contó que tuvo que investigar para asegurarse de dejar exacto el tipo de corte que necesitaba hacer para obtener los resultados correctos, finalmente quedó perfecta. Pantra fue creciendo y empezó a evidenciar la verdad, no era la raza prometida, lo de Cimarrón encajaba más bien con criollo, un día viajando en la calle en tono de broma burlona, Lily me dice, mira ahí va otra Cimarrona Uruguaya, las perritas criollas de la calle eran el linaje de Pantra, pero ya era parte de nuestra familia y la queríamos y cuidabamos de ella. El problema que siempre tuvo es que fue toda la vida una perrita desconfiada y salvaje, aunque a Lily y a mi nos respetaba y de mi se dejaba hacer cariño y me obedecía con cierto grado de aceptación, sus habilidades sociales nunca la dejaron adaptarse a la granja. En los inicios en la granja no teníamos cerca y por lo mismo se le tuvo que acostumbrar a tenerla amarrada porque se salía a matar gallinas de los vecinos y antes de ponerla a ella misma en peligro preferimos retenerla de esta forma, aunque nunca hemos compartido el acostumbrar amarrar a nuestras mascotas. Cómo producto de esa misma práctica escurridiza de escaparse para salir a investigar los alrededores, tuvimos la desagradable sorpresa que se cruzó con el Cuto, un perro criollo vecino que lo trataban re mal. A partir de allí resultaron las amarillas, se nombraron así debido a que nacieron casi iguales , una pareja de perritas de color amarillo, que no heredaron en absoluto el color de su madre, ni de su padre, solamente la cola cuta, razón por su nombre. Las amarillas resultaron siendo una réplica avanzada de criollas, desconfiadas, escurridizas y escapistas. Se volvieron un dolor, se escapaban en pareja a hacer desastres en las vecindades, matando gallinas, provocando riñas con otros perros donde por lo regular eran ellas las ganadoras, les tocó el mismo destino de su madre por su propia seguridad. Con el tiempo las tres lograron crear su propio vínculo de manada. Cada una de las amarillas desarrollo su propia identidad, aunque físicamente eran muy parecidas, a simple vista confundia reconocerlas, pero en carácter eran bien marcadas y por eso se les amplio su nombre a Amarilla buena y Amarilla mala. La Amarilla buena se dejaba acariciar y hasta le gustaba, lograba vínculo afectivo con nosotros y con otros perros de la camada, la Amarilla mala no. Aunque no era mala , ese fue su nombre por ser más reactiva, más desconfiada, mucho más salvaje que su propia madre, escasamente se dejaba tocar por mi y tenía que hacerse con sumo cuidado para no alterarle los nervios, en principio un miedo profundo que la inducia incluso a ladrar o morder si se le violaba su seguridad propia. Fueron creciendo, hasta que Pantra envejeció y ya había perdido el interés por escaparse, eso nos permitió soltarla eventualmente para que pudiera caminar libre por la granja y sobre todo que ya teníamos mejor cerca perimetral. Sin embargo, siempre teníamos que tener cuidado con otros animalitos pues su instinto de caza y bravia seguia manteniendolos. Por lo mismo nunca se pudo soltar totalmente, se tenía que hacer con supervisión. ...continuará...